martes, 16 de septiembre de 2008

Un Chilango embrujado por Los Tuxtlas en 1943




Estaba yo tan enamorado de Los Tuxtlas que un día de repente trabajando en la estación de radio XEW, con un librote de contabilidad, empezaron a moverse las 24 columnas y de entre los números surgieron verdes, azules, palmeras, árboles gigantescos, helechos, toda clase de hierbas, arroyos, lagunas, lagunitas y cascadas.
Así que me paré como hipnotizado y me dirigí hacia el privado de mi jefe, un hígado frito. Improvisé la gran mentira, admirablemente bien dicha, le dije que necesitaba un permiso para ausentarme 10 días sin goce de sueldo, para hacer exámenes a título de suficiencia, ya que por el horario de mi trabajo sólo podía llevar 6 materias en la Escuela de Administración y Contaduría de la UNAM. Y aquel agrio personaje, sorprendido, me pregunto:
-¿Por qué sin goce de sueldo?
El caso es que, lo convencí a tal grado que reaccionó
-De ninguna manera Antonio, yo le doy el permiso que usted necesite!
Al día siguiente viajaba yo con mi incondicional compadre Fernando Escobedo a mi querido San Andrés Tuxtla, en donde pasamos una temporada memorable que nunca he olvidado, evidentemente.

1 comentario:

Cuentos Bajo Pedido ¿y tu nieve de qué la quieres? dijo...

Es muy grato leer las cosas que ya en otra ocasión ha platicado, creo que debe de seguir escribiendo, pues su vida es tremendamente interesante y es grato conocerla.